lunes, 29 de agosto de 2011

EL ESCONDITE

¡Hola! Este es el capitulo final de El Escondite; no se si continuara la historia porque puedo deciros que de buen principio este NO iba a ser el final, así que  la historia va a tener una segunda parte pero  no creo que la publiqué hasta que pase bastante tiempo.
Quiero deciros que escribir esta historia me ha encantado y que sin duda la segunda parte va atar muchos cabos sueltos que quedan en la historia y en la MANERA de redactarla.
Espero que lo disfrutéis tanto como yo al escribirlo, espero vuestros comentarios porque sin duda han sido estos los que me han impulsado a continuarla.



Capitulo 14.

Sentir que quieres huir pero no puedes porque hay cadenas que te sujetan, unas finas cuerdas que, aunque no las puedas ver, te encadenan; esta vez no es así, esta vez puedo sentir como me rodean las muñecas como se unen por una fina cadena de plata, plata, el único material que los licántropos no podemos romper.
Dos vampiros custodian mis pasos, unos pasos que doy hacia la sala de aquél poderoso edificio,  el Ministerio, un lugar donde reside todo el poder del mundo sobrenatural. Me condujeron hasta la entrada de una sala y me sentaron en el banco que había más cerca de la puerta. Mantuve la vista en el suelo, pero supe descifrar quién se aproximaba a mi sin tener que levantar la vista: Aaron. Aunque alguien más iba con él, un licántropo: Joseph. Levanté la mirada con curiosidad, hablaban y sin matarse; Aaron asentía, Joseph explicaba y yo los contemplaba atónita a los dos. Sin dirigirme la más mínima palabra pasaron junto a mí y entraron en la sala, segundos más tarde yo me encontraba siguiendo sus pasos, entrando en aquella estancia de muebles de roble y de imperturbable silencio.
Con la cabeza en alto me encaminé hacia un  banco donde un pequeño cartel dorado indicaba quién se sentaba ahí.
Acusados, decía el cartel.
-Sí-pensé- estoy acusada de no ser como ellos, de ser diferente.
Me senté sin pronunciar la más mínima palabra, cuando el sonido de un martillazo que indicaba el inicio del juicio retumbo por la sala ni me inmuté, permanecí impasible mientras veía como amigos y familiares me traicionaban uno a uno, lo cierto era que no me importaba lo más mínimo, ya no.
Hasta que después de un prolongado descanso de diez minutos salió él, dirigiéndose hacia el estrado con ese paso elegante que distingue a los vampiros, con esa frialdad suya que también los caracteriza.
Sentí como todos lo músculos de mi cuerpo se tensaban, como en mi mente solo aparecía él y esos pocos momentos que habíamos pasado juntos.
Aaron, ¿por qué te diriges hacía allí?- me gustaría gritarle.
En breve lo sabría y al mismo, tiempo la pesada realidad caería sobre mis hombros.
Presté atención por primera vez en las dos horas de juicio, justo antes de sentarse poso sus ojos en los míos, en ese instante sentí su miedo hacía la palabra que iba a pronunciar, pero a la vez sentí alegría, pero no esa alegría de triunfo y júbilo que habla por si sola, no. Una alegría de poder hacer las cosas bien, de saber que pese lo que iba a decir, podía estar seguro que todo lo demás saldría bien y puedo jurar por mi vida que iba a recordar la palabra que pronunció con tal exactitud que me duele el alma, porque su respuesta fue la siguiente:
-Si
Esas letras juntas por si solas no han daño, pero  la pregunta a la que responde fue la que verdaderamente me desgarró el alma:
-¿Admite haber utilizado a Arlene Deluí para sus propios fines, haberla utilizado, sin haberla amado nunca?

La mentira más grande es decir que nunca has amado.

¿Ves? ¿A que tan solo leyendo esto ya te sabe mal?
No te lo tomes a mal, de hecho te lo agradezco así me demuestras que no eres una bestia inmunda sin sentimientos como toda la gente que me rodea, que me rodeaba, perdón, porque seguramente cuando leas esto ya estaré muerta.


Pero ahí no acabó todo. No solo hacía falta romperme por dentro, torturarme y quitarme mis sueños de por  vida, que va. También tenían que asegurarse de que no volvería a acercarme a Aaron, de que nunca, nunca más mis labios volvieran a rozar los suyos. Por ese mismo motivo el veredicto fue el siguiente, por ese mismo motivo ya solo existo en la memoria de quién me conoció:

<<Este jurado en conducta de los seres Aaron Sandon, vampiro, y Arlene Deluí, licántropo, dictamina lo siguiente: primero y anteponiéndose a todo la señorita Deluí deberá retirarse de El Escondite para así ser substituida por su hermano Joseph Deluí y en segundo y último lugar la señorita Deluí tendrá que contraer matrimonio con Eloy Hatsom>>.

¿Se te ha helado la sangre? ¿Sí, no? Da igual la respuesta, porque de todas formas puedes imaginar mi cara en ese momento.
Fue entonces cuando recordé en la lejanía del tiempo cuando Aaron había pensado que Joseph era mi prometido y no mi hermano; recordé aquella respuesta de negación que le ofrecí al terminar de pronunciar sus palabras. Creó que tendría que rectificarla ahora mismo.

Le dediqué una última cruzada de ojos a Aaron, una simple mirada que decía mis más puros sentimientos, tales que nunca podré describir; su mirada reflectía todo lo que yo sentía, por encima de la rabia, el desprecio, la humillación, por encima de todo se hallaba nuestro amor, un amor que ni esa frase callaría, un amor que podría vencerlo todo en un parpadeo de ojos, un amor que en esos instantes estaba atado con esas cadenas invisibles de las que hablé antes.
Por eso no nos hizo falta ni un beso de despedida, porque el amor estaba atado para siempre por esas míseras cadenas, pero, a la vez,  estaría junto hasta el fin de la eternidad. Una fugaz sonrisa cruzó mi rostro inundado por las lágrimas y entendí que por mucho que me negara a aceptar la realidad, esta continuaría existiendo<< por mucho que un condenado no deseé morir, la realidad, el tiempo, continuará avanzando, continuará existiendo su pesadilla hasta que se haga realidad>>¿Recuerdas? Aunque ahora implantaré una nueva idea, las pesadillas solo lo son si crees en ellas; no te las creas porque son mas mentirosas que la luna, el cuarto creciente nunca será aquel en el que el astro tenga forma de C.
Os voy a decir una  última cosa y mi último gran secreto: en ese momento viví; viví de verdad, viví para siempre.
Pero como soy una gran inconformista, al acabar ese momento derrumbé a mis guardianes y cogí un vaso para "beber agua" arrojé el líquido en la mesa cuando, con un golpe icé que el bordillo del recipiente se llenara de relucientes puntas puntiagudas y cortantes.
Con la mirada fija en él y con una sonrisa en los labios, corté mi piel me introduje un preciado anillo de plata; ¿dónde? En mi corazón, para así poder detenerlo para siempre, para así perdurar en ese instante de tiempo, para que, cuando la luz de mis ojos se apagara, solo quedará él en mi eterna mirada.

Hasta pronto, te quiero.

FIN DE LA PRIMERA PARTE DE EL ESCONDITE: "El amor de los jóvenes en verdad no está en su corazón, sino más bien en sus ojos " William Sheakspeare.


Quiero dedicar esta primera parte a todo aquél que la haya seguido aunque solo sean unos capitulos, si a ti que estas leyendo esto:)


Alina

6 comentarios:

  1. Ufff, no tengo palabras, en serio me has dejado con la boca abierta.
    Y cómo que casarse con Eloy???
    Me encanta esta historia, y estaré esperando con muchísimas ganas la segunda parte.
    Besos

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  2. IMPRESIONANTE.
    Valdrá la pena esperar a la segunda parte. Es una afirmación ;)

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  3. Buen final de historia, por hablar en general la historia me encanto literalmente la ame, me he quedado con ganas de saber que va a pasar, según yo puede que se muera puede que no, pero lo mas importante que hará Aaron?

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  4. Muy bonito el capítulo, me ha gustado mucho, espero la segunda parte ansiosa!!!
    Besos :)
    Lectora.

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  5. o.o
    terminaste whooooooo, y hay segunda parte genial. solo falta algo que yo lo lea, espero hacerlo pronto y te dejare mi opinion.
    un besote alina!!!

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