domingo, 31 de julio de 2011

Cuarta parte de TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA

¡¡¡HOLA!!! ¿Como estaís? Espero que muy pero que  muy bien!!
 Aquí os dejo con la cuarta parte de Todos los Caminos Conducen a Roma, nada más deciros que en cuanto acabe de subir todas las partes voy a subir el final de la primera parte de El Escondite^^




Caminaba callada junto a Ainoa, no teníamos muchas cosas que explicarnos, casi siempre durante ese trayecto, del instituto a casa, no había nada de lo que hablar. Pasamos junto a la basura, era jueves, por esa razón había montones de muebles viejos amontonados. Mientras caminaba iba mirándolos: dos sillas antiguas, un sofá medio roto y un espejo, un hermoso espejo. Al pasar junto a éste y ver mi imagen reflejada en él me detuve en seco. Me quedé boquiabierta observando mi rostro, porque no era el mismo, es decir, la que estaba en  el espejo era yo pero... no era yo. Tenía los ojos perfectamente maquillados con rímel, lápiz y una sombra oscura; en mi piel solo se apreciaban unas cuantas marcas de imperfección; mis labios estaban pintados con un suave brillo rosa; llevaba el pelo recogido en una cola alta. Ainoa tiró de mí y vi como la imagen desaparecía cuando mi cuerpo salió de la zona de reflexión del espejo.
-¿Sé puede saber qué te pasa Ally? Vamos a llegar tarde- la miré atolondrada sin saber qué responder.


La fiesta era todo un éxito y yo aún me sentía algo confusa por la imagen que  había visto en el espejo, algo muy raro, porque la que había en el era yo pero, a la vez no lo era. Tenía el rostro sin maquillar dejando que unas feas marcas lo cubrieran; llevaba el pelo suelto y, por suerte, estaba bien cuidado. Pero esa cara, la cara , mi cara, era horrible. Me alejé corriendo intentado alcanzar a Sara, que ya me metía prisa, pero, estaba aterrorizada por la imagen, me sentí, fea y débil, muy débil.                            Carlos  se apoyo en la pared a mi lado:
-Oye, Ally, ¿te pasa algo?
Desperté de mi sueño  y le sonreí intentando quitarle hierro al asunto:
-No, no, estoy bien. Es solo que, estaba un poco abrumada, por... por todo. Es la fiesta sorpresa más increíble del mundo -dije es última frase intentando disimular.
-Sabes que puedes confiar en mí para todo lo que quieras- sonrió y lo abracé.
Claro que lo sabía,  siempre había podido confiar en él, éramos como hermanos. Pero en esos momentos, quería alejarme de la fiesta, estar sola junto a la tranquilidad de la noche.
-Te apetece un paseo por lo que veo -dijo mirándome de hito a hito, sonreí-. Tranquila, yo te cubro.
Dejé mi copa en el césped y fui corriendo hacía la acera de enfrente. No miré al cruzar. No sentí nada después del impacto, solo a Carlos gritándome un cuidado que llegó tarde.

-Déjame tirar esto en el buzón son cinco segundos Ainoa -le supliqué.
Nos habíamos detenido a falta de dos manzanas para llegar a su casa.
-Está bien, pero si llegamos tarde, olvídate de la mejor cumpleaños de tu vida.
Le sonreí y me caminé hacía el buzón, allí vivía Carlos, de pequeños éramos como hermanos, pero los caminos del instituto nos separaron. Sólo quería dejarle unos apuntes que me había dejado días antes, y ese gesto en sí fue muy extraño. Toqué al timbre pero no obtuve respuesta, así que dejé los folios dentro de un sobre marrón y los deposité con cuidado en el buzón.
-¿Querías escaquearte de tener que dármelos en persona? -preguntó una voz masculina a mi lado.
-¿Querías escaquearte de abrirme la puerta?-le respondí, él sonrió y negó con la cabeza-. Gracias- le dije.
-No hay de qué -respondió él.
Giré en redondo y vi a Ainoa en la acera del frente. No comprobé si venía un automóvil. Y  una gran sacudida penetró en mi cuerpo cuando estaba en medio de la carretera.   Solo sentí las cálidas manos de Carlos en mi rostro antes de perder el sentido... antes de perder el sentido para siempre.



Alina

viernes, 29 de julio de 2011

Tercera parte de Todos los Caminos conducen a Roma

¡Hola! Siento no haber podido escribir pero he estado una semana  fuera de casa por unas colonies que he hecho con mis amigas y bueno  no me he podido conectar hasta hoy.  Así que os dejo una tercera parte de TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA y bueno, ¡que lo disfruteis!



El timbre de la puerta sonó y salté del mármol de la cocina para ir corriendo abrir la puerta.
-¡Buenos días Ally! ¡Feliz cumpleaños!
-¡Hola Ainoa!-dije dándole dos besos en las mejillas - ¡Muchas gracias!
Nos fundimos en un tierno abrazo y nos pusimos a hablar, de los problemas amorosos que sorteaban la vida de mi amiga, de la tarde anterior, de las noticias recientes... Llegamos al instituto cuando faltaba un cuarto de hora para que abrieran, mientras los diferentes grupos de personas se amontonaban alrededor de la puerta. Pude ver en la lejanía como llegaban corriendo Sara e Ingrid, dos chicas de mi clase, las chicas más conocidas del instituto.

Faltaban dos minutos para que cerraran las puertas y Sara (que había pasado a recogerme a casa) y yo corríamos lo suficientemente rápido para llegar a tiempo, pero al mismo tiempo lo suficientemente lentas como para que no se nos corriera el maquillaje por el sudor. Llegamos a falta de unos segundos para que las puertas automáticas se cerraran y nos escurrimos dentro del edificio.                                                               La primera hora pasó muy lentamente torturándome con cada tic-tac, después educación física, me dirigía junto a Ingrid (una chica de mi curso, éramos amigas, pero los estamentos sociales nos separaban) hacía los vestuarios, cuando vi a Carlos y a Edu apoyados cada uno en un lado de la pared, parecía una imagen de película.
-¿Ensayando para la obra de instituto?- dije riéndome
-¿Tu qué crees? -dijo Carlos haciendo unas poses ridículas.
-Que te queda demasiado grande, venga vamos que sino llegaremos tarde.

Alina

jueves, 7 de julio de 2011

Entradita rapidaa y segunda parte de Todos los Caminos Conducen a Roma

Hola! No se porque pero hace días que no  consigo entrar en blogger:(( y eso que el internet normal me va bien. No he podido entrar en el correo des de el día 30 y sigo sin poder TT 
Pero pese a eso os cuelgo la segunda parte del anterior relato, pero quiero antes responder una pregunta: la chica no se ducha dos veces, pero a la vez es así.
Espero que os guste^^:


La hora del desayuno era una continua guerra entre mi estómago y yo, no soportaba no comer nada <<pero adelgazarás>> pensé << y te sentirás mejor contigo misma>>. Cogí un vaso de cristal vacío y lo llené con un poco de leche, lo agité para que pareciera que el líquido hubiera estado en todo el vaso y lo deposité en el fregadero. Abandoné la cocina con el bocadillo de media mañana en la mano para introducirlo en el bolsillo de mi mochila. Una vez listas todas mis cosas para ir al instituto esperé sentada contemplando como el sol se iba alzando poco a poco, como los pájaros empezaban a cantar las primeras notas del día y, a lo lejos, escuché el ruido que hacía el agua al bajar por el río, debía haber llovido esa noche, porque sino no se escucharía ese último sonido.  Empecé a pensar en qué estaría haciendo el resto del mundo, quizás en Argentina se estarían a costando o estarían a punto, en China quizá almorzando y supongo que las demás personas de España estarían empezando un nuevo día.

Bajé saltando los escalones de tres en tres escuchado música con mis cascos, cogí del frigorífico un envase de leche y vertí la poca que quedaba en un bol de cerámica. Después de tirar el envase a la basura fui a la despensa para coger otro y acabar de llenar el bol. Más tarde, al sacar este del microondas vertí los copos de cereales y me los comí saboreando cada uno de ellos. En cuanto terminé metí el bol en el lavavajillas y al girarme el teléfono sonó haciendo un seguido de piiiiii-piiiiii para reclamar mi atención.
-¡Buenos días Ally! -Oí al otro lado de la línea. Reconocí la voz enseguida.
-¡Hola Sara!¿Como estas preciosa? ¿Cómo es que llamas tan pronto?
-¡No seas tonta! Hoy es tu cumpleaños y como una de tus mejores amigas quería ser la primera en decirte... ¡felicidades!
-¡Muchísimas gracias! ¡Eres la mejor!
-Umm.... eso ya lo sabía, pero la Mejor tiene que colgar porque sino su madre, ¡la va a matar! ¡Hasta luego!
No me dio tiempo de despedirme, porque colgó el teléfono en cuando acabó de pronunciar esas palabras. Sonreí por segunda vez esa mañana, esa era mi Sara, mi cariñosa amiga Sara.

Alina